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martes, 18 de agosto de 2015

Orgullosamente Colombiano

Todos hablan de la belleza natural de Colombia pero hoy quiero contarles acerca de otra, sí, otra gran belleza, la belleza de su gente. Este país está bordeado por dos océanos y enmarca la idiosincrasia de muchas etnias que han hecho de este país suramericano una raza fuerte, altiva y llena de fortalezas queda como resultado al Colombiano.

Las mujeres y hombres colombianos son capaces de transformar con su sonrisa, tesón, empuje, gentileza, cordialidad y alegría el mundo que les rodea y a quienes los conocen.

Quien llega a Colombia  y echa de ver a su gente, se va seguro de querer regresar o dejar que sus raíces broten en este hermoso y gran Macondo de cien años de soledad.


Colombia es el país del sí se puede, "hágale"

A la gente colombiana no le queda grande "nada" y cuando las fuerzas hacen falta, siempre hay un hágale que mágicamente hace que se puedan conseguir los sueños y alcanzar las metas imposibles. Cuando usted visite este país caribeño, andino, llanero, pastuso, vallecaucano, chocuano, amazónico y escuche: —hágale pues... —hágale mijo... o — hágale mija... ¡hágale!, porque  ese es el impulso que usted necesita para lograr lo que quiera y nada le quedará grande. Así son los colombianos.

Colombia es sabor de música. 
El colombiano siempre tiene algo porque celebrar, siempre hay música, rumba, fiestas regionales y reinados. No importa si es de día o de noche, o cuántas personas estén presentes, aquí se aprende a mover las caderas o a moverlas,  no en vano es considerado uno de los países más felices del mundo.  o sino vea los movimientos ritmicos de Shakira y la alegría rumbera de Carlos Vives.

Colombia es el país de la pena
El colombiano tiene la capacidad de pedir excusas siempre, así que si alguno le dice ¡¡¡Qué pena contigo!!! No piense que es una manera de verle frágil, es la forma respetuosa de decir ¡lo siento, quizá te ofendí!

Colombia siempre saluda interminablemente
El colombiano es muy amable, saluda indefinidamente y puede conjugar cualquiera de las siguientes frases o utilizarlas todas en una sola ráfaga: Hola, ¿Cómo está? ¿Cómo amaneció? ¿Cómo durmió? ¿Cómo ha estado? ¿Cómo le ha ido? ¿Qué ha hecho? ¿Qué hubo? y ¿Qué más? Tranquilo, no tienes que responder a este saludo interminable, solo tienes que decir: Muy bien.

Pero también, hay colombianos que solo levantan el dedo pulgar de su mano para saludar y decir con esta seña "todo bien, todo bien" y de esa manera usted le puede contestar.

Colombia es el país de la cortesía y el respeto.
El colombiano tiene marcado en sus relaciones interpersonales el respeto y por ello siempre te dice: Por favormuchas gracias; a la orden; con gusto; fue un placer; sí, señor o sí, señora (aunque no seas un viejo o una mujer casada); siga por favor; ¿Qué se toma?; adelante, está en su casa; bueno seño; con gusto. El colombiano es cortesía

Colombia es de puertas abiertas
El colombiano siempre está atento a dar explicaciones y a mostrar lo mejor de su región. No se sorprenda que se siente a hablar con el forastero, indique la dirección y además explique porque una calle se llama 'así o asa' contándole la  historia del lugar. 

Derechos de la fotografía
Hilando las historias
En la provincia el campesino sin conocer al foráneo se retira su sombrero y le dice: —Sumercé, buenos días o buenas tardes y si le preguntan la ubicación de algún lugar, más o menos así le dará la ubicación de  la siguiente forma: sube hacia allá, voltea a la derecha y luego de tres cuadras vuelva y voltee pero a la izquierda... Luego de la explicación, preguntará  ¿entendió? y así haya o no entendido, le dice: sino le molesta, camine yo lo acompaño, pa' que no se pierda.

Colombia le tiene nombre a todo
Aunque son diversas las regiones del país, cada colombiano con su propio acento logra hacerse entender y antetodo hacer sentir como en casa a los visitantes con términos y pronunciaciones únicas, como: ¡Qué verraquera! (se refiere a la fortaleza, tenacidad y empuje de alguien por lograr algo); sumercé (término español a su merced,  lo utiliza el colombiano como símbolo de respeto); bacano (hermoso, genial, único); chévere (elegante, bonito y es aceptado);  ¡Qué nota! (cuando algo es de admirar); viringo (cuando alguien está desnudo);  embolatado (cuando alguien está en una situación complicada);  avispao (o avispado, cuando se refiere a un individuo ingenioso, inteligente); parce (amigo leal); billullo (cuando se tiene dinero);  veleño (se refiere a un dulce que viene envuelto en hojas de plátano llamado bocadillo).

Colombia es cariño
El colombiano siempre demuestra su cariño y apreció con diminutivos, no se altere si se refiere a usted o si le habla así, no es una forma despectiva, es la manera de decir: ¡te tengo aprecio! Carmencita, Jaimito, Ricardito, Juanito o  se refiere a  los objetos: la mesita, el carrito, la camita o  frases como: te doy esto con mucho cariñito; mi terroncito de azúcar; te amo corazoncito; mi chinito y todos los diminutivos de ternura que se les ocurra para demostrar su aprecio.


En Colombia todo se le tiene
El colombiano siempre vive dispuesto a ayudar, a colaborar y su rostro tiene una sonrisa eterna. ¡Aquí todo se le tiene! y si no lo tiene, lo consigue, y si no lo consigue se lo inventa. Pero siempre es de sonrisa presurosa y de alma abierta pa'las que sea.

En Colombia la vaina funciona
Cuando un colombiano se refiere a la vaina es cosa seria, nadie sabe que es la vaina, pero la vaina siempre aparece en las conversaciones y no se aterre cuando escuche términos o frases como: ¡Qué vaina! (cuando se refiere a algo que lo sorprende); la vaina está ahí (no es una forma explícita de decir qué es, pero lo que se necesita ahí está); así es la vaina (cuando se ha contado algo y se sabe que es por análisis, sin entrar en detalles). Nunca le pregunte a un colombiano qué es la vaina, porque no tendrá una respuesta adecuada, solo que la vaina está ahí y nadie la define.

Colombia siempre escucha música,  oye noticias y lee el periódico 
Si un visitante llega a cualquier ciudad muy seguramente escuchara en los almacenes, en los taxis, en los buses de servicio público y en las calles música tropical, vallenato y romántica. 
En las tiendas de la esquina encontrará al dueño escuchando noticias, al vigilante o a la gente  del común.
En los parques a los hombres leyendo el periódico o revistas para de tener de que hablar con sus vecinos.
 El colombiano siempre y en lo posible anda bien informado, pero sin perder la alegría que lo caracteriza.

Colombia es anfitriona
El colombiano que se siente feliz con una visita, siempre  le ofrece de tomar o comer un algo como: un tintico, un agria, un aguardientico, una aguadepanela, un chocolatico, unas oncecitas y hasta whisky. Por lo general, nunca deja que sus invitados se vayan sin comer y si de eso se trata lo invitan a la mesa y sus platos son onerosos, por lo general, con muchos carbohidratos. Si va a este país, pierda la dieta y no le de miedo llegar gordito a su casa, porque de esa manera ellos demuestran su afecto, por el estómago. Si usted se niega, muy seguramente se sentirá desairado y le preguntará ¿Entonces que le ofrezco? ¿Qué le provoca? y se dirán entre ellos ¿Qué le molesto?

La variedad de cultivos y de climas hace que las mesas y los "tres golpes"  como llaman al desayuno, almuerzo y comida o cena, sean ricos en  multitud de platos, y como les enseñaron sus antepasados: Hay que comerlos para tener fuerzas para trabajar y estudiar.

Colombia es un país dulce
El colombiano es trabajador y a la hora de recobrar energía lo único que quiere es un dulcecito, así que se dispone a comer mielmesabe, bocadillo, obleas, turrones, arroz con leche, cascos de guayaba, natilla, cuajada con melao, brevas y peras en dulce, enyucados, cocadas, quebellitos, dulce de ñame, arequipe, dulce de papayuela y muchos más . Todo con un alto contenido en azúcar y panela.
Derechos de la fotografía
Hilando las historias
Si usted llega a Colombia, no olvide que sus anfitriones le ofrecerán el más elaborado platillo dulce, que es una gran tentación y un deleite para su paladar.

En Colombia todos son vecinos
Cuando un colombiano va a la tienda a comprar algo e ingresa  al local siempre dice ¡Buenas!, cuando sale el vendedor a atenderlo, le dice: —  vecino, me vende... y si algo le falta agrega: —vecino y deme más de esto o aquello, al despedirse:
Gracias vecino, hasta luego. 

Pero esto no solo se queda en la tienda de la esquina, el colombiano del común aunque no sepa el nombre de quién vive al lado de la casa, a quién le compra el periódico, los libros, la carne o la lotería, siempre saludará — ¡Qué hubo vecino!
Para el colombiano todos son vecinos o sea allegados.

En Colombia se pide regalado,  no se compra, pero se paga
Es muy normal que un colombiano entre a un establecimiento y pida algo diciendo: —Por favor me regala este producto... Los tenderos entienden que es un decir, más saben que lo que quiere su vecino es comprarle un producto. Así que no lo tome a mal cuando un colombiano le dice —me regala tal cosa... tranquilo el colombiano siempre paga.

Colombia un mundo de sabores y de nombres
Las tradiciones del colombiano son muy arraigadas como los nombres de muchos alimentos, bebidas y tienen un sinnúmero de palabras en sus comidas como: lechonaaguardiente (licor destilado fuerte de muchas regiones colombianas);  chicharrón, longaniza, rellena, butifarra (embutidos tradicionales del caribe colombiano), chicha (bebida indígena del altiplano cundiboyacense), limoná, sabajón, ajiaco, chirrinchi  (o chirrinche, una especie fuerte de aguardiente que es prohibida su elaboración),  hormigas culonas (insectos de gran cola que son tostados en Santander y sazonadas con sal para comer), mute jute (dulce de papa), gelatina de pata, cuy asado, mazamorra chiquita, sobrebarrigabandeja paisa, tamal, sancocho,  yuca, pandebono, entre otros.

El colombiano busca primero sus comidas y bebidas tradicionales antes que las foráneas, las disfrutan en familia y siempre las ofrecen a sus visitantes.

Colombia consume la ch
Colombiano que se dé gusto en su paladar, siempre pedirá comidas que lleven la letra ch, jocosamente se refieren a estas como "la vitamina Ch" porque son las más nocivas para el organismo por su alto contenido de grasa, pero son las más deliciosas según lo afirman. Estas son: chicharrón, chunchullo o chinchulinas, chorizo, chuleta de cerdo,  y de sobremesa chicha o unas chelas (en algunas regiones llaman así a la cerveza). Si visita a Colombia lo invitaran seguramente a un asado y en el estará la ch y usted quizá expresará —eso me hará daño, pero el colombiano le dirá: ¡Déjese invitar, porque eso, no es de todos los días! 


Ser colombiano, un buen colombiano, como lo son el 99.99% de los colombianos, es un honor, un placer, un festín, es símbolo de gente pujante, trabajadora, cariñosa, amable, servicial y honesta. Es sentir y vivir en el realismo mágico de Gabriel García Márquez todos los días y es olvidarse de la dieta porque la comida es abundante y deliciosa. Es estar en un  país de despertares diferentes, es vivir amaneceres con el canto de las aves, el sonido de los ríos, el sonar de las campanas, el olor a café recién tostado, el desayuno con el chocolate de la abuela, el sabor del trópico, el ruido de las calles y el amor por su tierra.

Colombia es el país que le recuerda  decir: por favor, gracias, con gusto. Es el país que le enseña a volver a valorar las cosas simples de cada día.

Si va a Colombia no olvide que es un país de puertas abiertas, de oportunidades, de parceros y  pa'las que sea. Solo hay un problema de su visita a este país: No quererse ir de este bello paraíso.   









lunes, 10 de agosto de 2015

Pacho el hacedor de joyas

Es época de verano, de descanso y las playas de Cartagena de indias están llenas de turistas y a la par son invadidas por vendedores que ofrecen todo tipo de mercancías y servicios.

En medio de esta gran cantidad de gente, soy una más de las turistas que disfruta del sol, la alegría, la playa y de una mañana de descanso. Se acerca un hombre afrodescendiente, de contextura gruesa y de un metro ochenta aproximadamente. Trae un morral a cuestas  y en su brazo izquierdo carga una caja en forma  de exhibidor de joyas. Me las ofrece —'Seño', estas no las encuentra en ningún lugar del planeta.


Con una sonrisa por la presentación, me retiro las gafas y observo lo que llevaba. Trae pendientes, collares y pulseras.
 Pacho comienza a sacar de su maleta, como si fuese un mago, todo lo necesario para comenzar a tejer e insertar las piedras de coral, para hacer una de sus creaciones.

—Yo mismo los hago, pero si usted quiere le hago un juego a su gusto.

Accedo a que realice algunas prendas para mí. Mientras comienza su trabajo, se presenta
—Mi nombre es Francisco, pero me gusta que me digan Pacho. 


Con el timbre de voz característico de los hombres de la región costera del norte de Colombia, entabla una conversación, que  deja entrever la lucha diaria para darle el sustento a su familia.
 —Soy Cartagenero a mucho honor, esta ciudad me vio nacer hace casi 50 años y la amo porque ella me ha dado todo. Mis padres mi esposa y mis hijos.

—¿Cuántos hijos tiene? Le pregunte con mucha curiosidad, porque sé que en esta región los hombres son muy prolíferos.

—Cuatro muchachos entre los 6 y 20 años. Ellos también son de acá y he tratado de darles lo mejor.

Francisco cuenta que recorre la playa más de cinco veces en un día, poco más de 7 kilómetros diarios, en busca de turistas para ofrecerles su trabajo y dejarles la más finas joyas tradicionales cartageneras y que tengan un bello recuerdo de la heroica.

¿Cómo hace un hombre tan grande para realizar un trabajo tan fino y bien elaborado?
—Con paciencia amor y servicio. Ríe fuertemente y su dentadura blanca ilumina la charla. Continúa —Mire seño, yo he tenido que trabajar muy duro en esta vida, he aprendido a ser agradecido y la mejor manera es hacer las cosas bien. Solo espero que la gente me recuerde cuando cuente la historias de sus pendientes, collares y pulseras, y diga, las hizo un <<negro colombiano>> y son de calidad.  Vuelve a sonreír y su risa es contagiosa y alegre.

—Yo trabajaba como pescador, pero eso se puso muy malo, porque no pagaban bien lo que sacábamos del mar, entonces un día mi esposa aprendió a hacer todo esto, pero ella no podía salir a la playa, así que le dije en medio del desespero, por la falta de dinero, que me enseñara y aprendí. Desde entonces esto es lo mejor que sé hacer y lo hago con mucho amor.

¿De dónde salen tantas combinaciones?
—No lo sé, solo me dice un turista qué quiere y yo lo hago, no hay modelos repetidos, por eso quien viene a Cartagena se lleva una pieza única, especial, exótica y bella.


—Al turista hay que mimarlo, darle lo mejor y lo que él quiere, así que he aprendido a conocerlos y dejo que sus gustos se hagan realidad con mi trabajo. Llevo 15 años en esto, así que eso debe ayudar para la creación. Para mí este trabajo es  gratificante porque gracias a él he podido mantener a mis pelaos y a mi mujer.

Cuando habla de esta hermosa ciudad amurallada, que permanentemente esta en verano, su cara se ilumina y su voz toma un carácter romántico.
—Yo salgo a trabajar desde las  ocho de la mañana y termino a las cinco,  me conozco la playa y la ciudad al derecho y al revés. Cartagena es hermosa, tiene comida excelente, vienen muchos turistas, tiene una historia enmarcada en la ciudad amurallada y se muestra mejor en el reinado de belleza y en loes eventos que traen turismo.

—Yo vivo en un barrio pobre de Cartagena, que se está junto al aeropuerto, tenemos dificultades con los servicios públicos porque aquí el alcalde no hace nada por los pobres.

Mientras Pacho trabaja le observo con curiosidad que tiene una uña muy larga que le sirve para sacar las piedritas que utiliza, cuándo le pregunto sobre ella dice con la alegría caribeña
—Aja, esta uña la cuida más que a mi mujer...ríe a carcajadas, me la deje crecer porque me sirve para atrapar cada bolita sin que se me caigan. Eso también es la magia de mi trabajo.  La cuido mucho, la limo cada semana, le doy forma y me aplico productos para fortalecerla, es mi instrumento de trabajo.

Nuestro encuentro no duró más de treinta minutos y en ese tiempo me ha realizado un hermoso juego de aretes collar y pulsera y sí, tiene razón son irrepetibles, son un bello recuerdo de Cartagena de Indias y junto con esto me queda ese sabor costeño, la risa contagiosa de Pacho, su alegría y el amor por su patria chica, Cartagena.

Material fotográfico y textual  registrados en la Dirección de derechos de autor  Número 1-2015-58618