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lunes, 22 de junio de 2015

Hablando con el miedo

Algunas mañanas cuando abro mis ojos  y justo ese día tengo algo muy importante que hacer, siento miedo. Esto no es extraño porque en todos los seres humanos habita  este compañero que nos hace dudar de lo que vamos a hacer, de lo que sentimos, de lo que tenemos y de lo queremos.
Un día tuve una charla muy seria con el miedo, le pregunte por qué razón aparecía en mi vida justo cuando no lo necesitaba y cuándo tenía cosas muy importantes que hacer con mis pasos.


Él muy tranquilo me respondió —Estoy ahí siempre solo para recordarte que estas viva.

—Obvio, yo estoy viva.
—Claro que lo estas, solo que a veces se te olvida colocarle chispa a tu vida.
— ¿Chispa?
—La chispa es la que enciende el motor del carro, la chispa es la que enciende el fuego, la chispa es la que hoy en día prende los electrodomésticos, la chispa es la que enciende un fósforo, en fin la chispa mueve, da inicios y da vida.

Lo mire con rostro de incredulidad y él continuó.
—Los seres humanos viven por vivir. Hoy las noticias o mejor las malas noticias que les venden los medios de comunicación, el querer tener y poseer bienes materiales, el sentir que el trabajo debe ser lo primero y todo lo que les ofrece el consumismo a diario, no les permite ¡disfrutar de la chispa!

Le reposte —Siempre ando estresada, llena de mil ocupaciones e ideas locas en mi cabeza y ¿tu me vienes a hablar de la chispa?

— ¿Sabes por qué lo hago?
— Porque los humanos no viven, solo sobreviven. Me explico, solo cuando en su interior un ser humano tienen temor,  angustia a fallar, temor a perder sea su imagen, su trabajo, sus seres queridos o los proyectos que han programado en su vida, en ese momento yo llego para recordarle que la vida tiene otro sentido, que yo soy indispensable, yo el miedo. Cuando llego le pido hacer un alto en el camino para que disfrute cada momento, de cada detalle, de cada actividad y que proyecte sus objetivos y metas adecuadamente para que le den un valor sencillo a todo ese recorrido que han hecho y están haciendo en este loco planeta convulsionado.

Lo mire con burla y le dije de manera satírica
—Al contrario cuando usted llega mi vida se pone de cabeza y trato de salir rápidamente de lo que tengo que hacer.

Ahí está la razón, ni siquiera disfrutas lo que haces, lo que sientes y tu entorno, te dejas llenar de pánico. Pero si hicieras un alto y observaras por qué llego, por qué aparezco y entendieras que quizá este sentimiento te está avisando que puedes hacer las cosas mejor, quizá te esta mostrando algún error en lo planeado y que puedes subsanar, de pronto no utilizaste bien tu bitácora, quizá puede haber otra fórmula para salir del himpase, en fin, no te paras a observar a respirar profundo para saber porque te estoy mandando esta chispa. Por lo general, llego para que tus proyectos sean exitosos,  pero infortunadamente, dejas que tus peores enemigos entren a jugar: el pánico, el afán y la angustia —como lo llaman ahora, estrés—  y sean tus peores consejeros.

No me relaciones  con cobardía, con falta de fuerza y voluntad, yo soy chispa y puedo ser tu mejor aliado.

Lo observe silenciosa como queriendo entender todo ese torbellino de ideas y le pregunte 
—¿Cómo no confundirme entre el miedo y el estrés para no fallar en el intento?

Me sonrió y me dijo:
—El miedo se refleja en esas maripositas que se sienten en el estómago, ese algo que te pone nerviosa, que te dice revisa, analiza, vigila y antetodo <<Tu puedes>>. El pánico es estrés, tu cuello duele, tu espalda esta apretada, tu humor es insoportable y lo único que quieres es salir de todo muy fácil y rápido.

—El primero te da margen de pensar, de despegar y salir con ánimo. Mientras el segundo te acobarda, paraliza y terminas de enfrentarlo, en muchos casos, sin éxitos rotundos.

—Yo soy la chispa, soy imprescindible, soy la mariposa que se posa en tu estómago para que visualices lo que quieres. Una vez me has vencido serás una mejor persona, disfrutarás la vida y entenderás que hay una chispa cada mañana que te motiva a seguir adelante. Sencillamente ¡Soy parte de tu felicidad! Solo alinéalo y deja que la chispa encienda la energía de tu vida. Dejame ser tu mejor aliado.

—Recuerda no me ataques, solo haz un alto en camino y llévame contigo, no desapareceré, solo estaré allí, latente para darte vida y la fortaleza de vivir cada instante con plenitud y felicidad. Eso se llama transformación y existencia.

lunes, 15 de junio de 2015

Una historia perruna, soy Afrodita

Hola, mi nombre es Afrodita, hoy les voy a contar mi corta y hermosa historia perruna.




Nací hace  once meses y mis amos-papás me compraron en un reconocido sitio de venta de mascotas. Yo estaba junto a mi hermanita, ella era de pelo corto, también muy hermosa. Pero yo me las ingenie para que ellos me llevaran a su casa. Comencé a girar mi cabeza, de lado a lado, para que creyeran que yo les entendía, los lamí, moví mi colita como un reloj y esto funcionó, los cautivé.
Mi abue no se quedó con los medicamentos que trajo mi ma', ella me llevo a dónde los médicos veterinarios de Nieve, ¡qué médicos!, me dan galletitas cada vez que voy, me revisan y me hacen sentir como en casa. Me hicieron nuevos exámenes de laboratorio y me dieron medicamentos para mi zoológico.  ¡Siento que ya no puedo con una pepa más! ¡Guacala!

Soy una bella perrita pastor alemán ovejera, todos en la calle dicen que soy hermosa y muy elegante.



Llegue a casa de mi papá, mi mamí me visitaba, jugaba conmigo y me cuidaba, yo tan solo tenía dos meses y medio, no podía salir al parque porque el pasto estaba contaminado, tenían que colocarme unas vacunas para que fuera fuerte y así poder salir a jugar. Mientras tanto me quedaba largas horas esperando a que mi pa' llegara de trabajar y que mi ma' tuviera tiempo para visitarme.

Todo el día estaba solita, pero yo siempre buscaba la manera de divertirme de lo lindo, me subía en una sillita especial, me comía las cortinas, hacia popito por todo lado, me gustaba el sabor delicioso de las paredes y cuando podía asaltaba mi comida ¡Qué gran vida! Toda una casa para mí.

Sin embargo, algo estaba sucediendo en mi pancita, me dolía, hacia popito desagradable y todo me hacía daño. Mi ma' y mi pa' me llevaron al médico. ¡Sorpresa! tenía un zoológico en mi estomaguito. Para no hacer más larga mi historia, cuando me vendieron a mis pa's, no me habían desparasitado y ahí comenzaron mis problemas.

Además de ser una cachorra pilla, mi salud no mejoraba, tome muchos medicamentos y no había alivio en mí. Tuve de todos los animalitos que pudieron estar en mi barriguita, incluida una bacteria y amebas. Mis papás se estaban volviendo locos conmigo, hasta mi tía, la hermana de mi ma' decía que yo estaba "poseída". Ella creía que yo no entendía y eso me ponía triste, solo me dolía el estomaguito. ¡¡¡Sniff!!!

Mis amos-papás decidieron que después de tantas diabluras y tantos daños que hice en casa, lo mejor era ir a vivir con mi abuelita o sea la mamá de mi ma'.
¡Dios mío perruno! pero si yo quiero estar en casa con pa' ¿por qué me hacen esto? No hubo más que aceptar este cruel destino y alejarme una noche de mi casa. Mi ma' llego a casa de mis abuelitos con mis platicos, mis cobijitas, un 'arsenal' de medicamentos y yo.

Arribé a mi nuevo hogar, todo era más grande, muchas cortinas para jugar, muchos muebles para trepar, pero... ¡oh! ¡oh!... ¿Qué es eso? otro animal con cuatro patas, cola y de otro color. Se me acerco, me olfateó hasta el cansancio y para colmo de males me ladro con un sonido tan fuerte, que lo único que hice fue correr a un rincón para refugiarme. ¿Quién era ese feroz animal que me iba a comer de un sorbo? Temblaba, mis orejitas se fruncieron y yo quiero a mi pa'... ya nada puedo hacer ¡¡¡sniff!!!

De pronto oí la voz de una mujer, era mi abue, una señora grande que me acarició y me dijo que todo iba a estar bien. Pero no le creí porque empezó a darme órdenes   
—Afrodita, esta es su nueva casa, aquí no viene hacerme males y tiene que ser muy juiciosa. Además, debe dormir en el sótano con Nieve. ¿Nieve? así se llama ese gran cosa peluda que quiere comerme. ¿Qué piensa esta señora, que yo soy fuerte para enfrentar a ese monstruo?

Leyó en voz alta los nombres de mis medicamentos y las horas en las que me tenía que tomar todo eso amargo, ¡Guacala! Volvió y me acarició, y me repitió 
—Toda va estar bien.

Ya había conocido a mi tía, sí, ella la que decía que yo estaba "poseída" y para no terminar con mis tristezas era la ma' del monstruo peludo.¡Oh, no! ¡¡¡¿Qué iba a hacer?!!!

Unas llaves abrieron la puerta, otro gigante apareció ante mí, no sé quién estaba más asustado, si él o yo, comencé a mover mi cabeza de lado a lado —ese truco siempre me funciona— y me saludo ¡Hola Afrodita! y como si yo hubiese sido un duende dañino, me dijo —Tiene que portarse juiciosa, porque solo va a estar unos días aquí. ¿Unos días? mi pa' ya no me quiere en su casa y yo no tengo más a dónde ir... mi corazoncito se estremeció y sentí que había llegado al fondo del abismo. ¡Nadie me quería!


Pasaron los días, consumo los medicamentos sin problema, mi abuelita me enseñó a tomarlos con cuchara, no tenía dificultad para dármelo y siempre me felicitaba, ya estaba ganando puntos con la ma' mayor. Nieve, mi nueva hermana y mi mejor amiga, es una labradora dorada, aprendió a compartir sus cobijitas conmigo, jugamos todo el día y yo procuro no hacer daños, esta es mi última oportunidad. Mi tía me saca a pasear junto a Nieve y con el novio o sea mi otro tío, caminamos largos trechos, jugamos y nos divertimos. Él nos trae huesos y a ella rosas, jeje pero nosotras ganamos, porque ella no se puede comer las flores jejeje. ¡Mi tío nos ama!

El doctor veterinario me mandó a hacer un examen especial para mi pancita en una clínica. Quieren operarme una hernia y esterilizarme. ¡Qué tusto!

Mi salud no es buena, los bichos no salen de mi cuerpo y mis costillitas a pesar de mi gran pelaje se notan. Mi abue cree que no me he dado cuenta, pero ella llora por mí y decidió darme remedios caseros, esos que los antepasados de ella le enseñaron, ¡son horribles!, pero me he ido mejorando, ella, mi abue me lleva al médico y todo lo que dice que me haga, ella lo hace ¡Mi abue es lo máximo!

Todavía no he logrado ganarme el cariño de mi abuelito, aunque dijo que estaría unos días en casa, ya llevó más de siete meses jeje. No lo tocó porque a él no le gustan los perros, así que lo rondo todo el tiempo a la espera de que algún día me acaricie, yo sé que él me quiere, a veces me tira la pelota, me saluda. Él tiene miedo de amarme y de amar a Nieve.

Todo va de maravilla, soy feliz, tengo una familia, hasta con un monstruo blanco de hermana, todo es perfecto.

Volví a bajar de peso,  toda mi familia no entiende ¿Por qué no crezco? ¿Por qué no engordo?

¡Oh Dios perruno¡ de nuevo a la clínica de mascotas. Me sacaron sangre, revisaron mi popito, mi corazón, todo.  Y ¡¡¡Oh sorpresa!!!... bueno, en realidad dos, una buena y otra mala.

Afrodita y Nieve


La buena es que ya no tengo ni un animalito en mi pancita, ¡Bien! funcionó la droga que me dieron veterinarios o ¿los remedios tradicionales de mi abue?, igual funcionaron ¡Yupi! Pero la noticia mala es terrible...

Creo que alguna vez salí al parque, corrí mucho hasta que mi lenguita pedía agua  a gritos, estaba haciendo sol, entonces  yo corrí y corrí hasta donde el pasto me cubría y me acosté  para descansar, quizá allí, un minúsculo animal se prendió en mi pelo, sí, eso fue, un animal llamado garrapata. Trepo lentamente hasta mi piel y ¡Suas! se incrusto y aunque mi abue, mi ma', mi tía y mi tío la han buscado en mi largo pelaje, no la han encontrado.

Ahora es tarde, ya este parásito se ha ido apoderando de mi sangre, de mis fuerzas. El médico dice que tengo un hemoparásito  que poco a poco se come mis glóbulos rojos, que no hay cura para ello y que es llamado el 'sida de los perros'. Dijo que mis glóbulos blancos luchan todos los días contra esta enfermedad y mi abue me alimenta mucho para tener fuerza, mi pa' me compra medicamentos para fortalecer mis glóbulos rojos y seguir en la lucha.

¡Guau! Toy triste  porque también dice, que debo cuidarme de que otros perros me muerdan o de tener heridas para evitar hemorragias. Cuándo me llegue mi primer celo debo cuidarme para que no tenga problemas. Por fortuna esto no es contagioso para los humanos, ni para mi hermanita Nieve.

Si todo marcha bien con este hemoparásito, quizá tenga momentos en los que mis defensas se bajen y deba estar algunos días en la clínica de mascotas y otros días tendrá una vida normal. ¡Esta no es vida para perros!

¡Guau...guau... guau! ¡Dios de los perros! estoy muy triste ¿por qué a mí? Yo solo quería una familia y la tengo, yo quería una hermanita como Nieve para jugar y dormir, yo quería conocer los hijos de mi pa' y de mi ma', y también los de mis tíos, pero creo que ya no será así ¡¡¡Sniff!

Mi abue tiene algo que llama fe, no sé qué es, pero si ella lo dice es porque funciona, así que cuando me la de con los medicamentos, la voy a lamer hasta el fondo para curarme.

Adoro ir al parque, pero la infesta de garrapatas ha crecido y nadie se da cuenta hasta que están en nuestro cuerpo. Tendré que tomar medicamentos de por vida y esperar a que un gran científico logre investigar algo para curarme.

Les cuento mi historia, la historia de la diosa perruna Afrodita, que no quiere que ningún perrito tenga en su barriguita zoológicos, que la gente que tiene criaderos los cuide y los venda de manera responsable a los futuros amos. 


Soy Afrodita una hermosa perra pastor ovejera, que hoy tiene un parásito mortal en su cuerpo.

viernes, 12 de junio de 2015

No sé si mañana pueda despertar

No sé si mañana pueda despertar.

Como todos los días a las once de la mañana,  Francisco espera la orden de los médicos para ingresar a cuidados intensivos, llega puntual a visitar a su esposa, que está en estado de coma.

Estas visitas son cada vez más desesperanzadoras. Las palabras  de los médicos resuenan en su cabeza —Su pronóstico es reservado, quizá tenga muerte cerebral, los órganos vitales están infectados y debe ir pensando en desconectarla.

Francisco sale de la clínica con la mirada fija en el horizonte y a su mente vienen los recuerdos de su esposa Carolina, un mes atrás.
— ¡Por fin tengo trabajo! Seguiré siendo ama de casa, pero con otro trabajo. Su rostro de felicidad era inimaginable, porque  había terminado un largo tiempo de estar en casa cuidando sus hijos y viendo por el hogar. Luego de mucha espera acababa de firmar contrato con una empresa multinacional.
—Ahora sí, las cosas irán mejor, debemos preparar la fiesta de 15 años de Gabriela para dentro de 20 días.

Pero quién me hubiera dicho que no habría fiesta, qué en lugar de los festejos y de verla ascender como profesional, hoy tendría que tomar la decisión más difícil de estos 17 años de matrimonio. —Reflexionó Francisco.

El sábado de descanso, luego de una semana de trabajo, Carolina se dispuso a asear la casa y luego cogió un fungicida en spray para aplicarlo y evitar que algún bicho entrará al lugar y atacará a sus mascotas. Lo esparce en cada habitación y a su paso cierra las ventanas. Respiró el químico que le produjo un carraspeo en la garganta, pero no fue algo que le impidiera seguir con su labor.

Ese día tuvo mucha tos, pero compartió con su familia sin que se percatará que esa actividad podría ser la última de su vida.

El domingo en la noche Carolina sintió desgano, cansancio y pensó que era por sus dos trabajos, el hogar y su nuevo cargo en la empresa. A la madrugada del lunes no podía respirar y Francisco corrió con ella hacia a urgencias de la clínica más cercana, todo fue caos, Carolina se desplomó y los galenos la revivieron en dos ocasiones, frente  a la mirada expectante de su esposo.

En la segunda ocasión, Pocho como de cariño lo llama Carolina, le dijo: —Pocho, no olvides llevar los niños al colegio, prepara bien las loncheras y llama a la oficina para decirles que llego tarde. Cerró sus ojos y hasta hoy no he vuelto a reflejarme en sus hermosos ojos almendrados, color miel —Recuerda Francisco. Por su rostro corrieron lágrimas de incertidumbre e impotencia.

¿Quién hubiera imaginado que un fungicida la llevaría al coma? ¿Quién hubiera imaginado qué existiera una tal neumonía química y todos esos nombre médicos, dizque neumonitis por químicos?
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Los días de esta familia no fueron fáciles, la celebración de los 15 años de Gabriela, se convirtieron para ella en tristeza y se hizo cargo de las labores de ama de casa y de su hermanito de 11 años. En las noches cuando su padre creía que ella estaba durmiendo en su habitación, ella se sentaba en la escalera junto a su hermano y escuchaban a su papá contarle a quienes lo llamaban lo que realmente estaba viviendo su mamá y de esa forma se enteró que en los próximos días, si no había una respuesta favorable, sería desconectada. 

Gabriela, siempre abrazaba a su hermano y le decía  que rezaran juntos porque su mamá les había dicho siempre que los milagros existían y que la virgen, escuchaba más a los hijos cuando pedían por la madre.

El caos no se hizo esperar, Santiago entró en rebeldía, su rendimiento académico fue caótico, Gabriela cada día tenía más trabajo y no logró responder con sus labores del colegio. Francisco no llegaba a tiempo a las reuniones laborales y si lo hacía, su mente estaba con Carolina y sentía que sus hijos se le habían salido de las manos. Hasta los gatos, las mascotas a las que cuidaba Carolina, para que los bichos no los atacaran, se revelaron. Negruris la gata mayor, se escondió detrás del refrigerador y solo salía a comer de vez en vez. Rufino, se refugió bajo la cama de sus amos y gruñía cada vez que se sacaba de su escondite, mientras Florecita la más pequeña se voló de la casa sin retorno.
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Pocho se levantó temprano, envío a los chiquillos al colegio, suspiro, pidió la bendición del Cielo y salió rumbo  a la clínica, hoy era el día para firmar los documentos y despedirse para siempre de Carolina. Su corazón estaba henchido de amargos sollozos, pero tenía que hacerlo. Carolina siempre le decía —Nunca ¡óyeme bien!, nunca me dejes en una cama como un vegetal, no lo permitas, la vida para ustedes sigue y no pueden parar por mí. No quiero repetir la historia de mi madre.
—Si mis órganos le sirven a alguien, los donas.

Decidido a firmar, llego al centro hospitalario, allí el médico y un psicólogo clínico lo estaban esperando. —Señor Guzmán las noticias que le tenemos... son alentadoras, pero reservadas.
— ¿Qué pasó? ¿Carolina...?
—No, no se preocupe, ella volvió del coma, abrió sus ojos hace unas horas, pero...
—La verdad, señor, no le garantizamos que con su despertar quede como antes.
El psicólogo agregó   —En estos casos, luego de salir de un coma, podemos esperar dos situaciones, la primera que sus reacciones sean agresivas y la otra que su actitud sea hipersensible. Por esta razón, la debemos sedar para ir observando su reacción.
El médico Rodríguez, continúa  —Quizá tenga pérdida de memoria, sus necesidades primarias como el control de esfínteres no van a ser los adecuados y podría usar pañal de por vida, no sabemos si sus pulmones funcionen de manera correcta cuando le retiremos el oxígeno. Como usted bien lo sabe, su peso actual no supera los 30 kilos, eso quiere decir que está desnutrida.

Francisco cerró sus ojos, se dejó caer en la silla y su corazón convulsionado, no sabía si sentir alegría o llorar por lo que se avecinaba.
—Sea lo que sea, ella es mi esposa, la mamá de mis hijos y sé que si despertó se quedará mucho tiempo entre nosotros.
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Paula la hermana de Caro, como le decía desde niña, estaba junto a ella al despertar, había viajado desde el extranjero para apoyar a su cuñado y firmar la autorización para desconectarla.  
— ¡Qué tal, esa señora no me quiso llevar! siempre fue así, la quería más a usted que a mí. Eso le dijo Caro, en medio de la furia a su hermana, cuando despertó.
— ¿Quién?
—Pues, mi mamá, se fue y me dejó otra vez.
En ese momento entendió que su hermana había regresado, sintió alivio, pero la incertidumbre se apoderó de su ser.
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Los días pasaron, la recuperación de Caro en el hospital fue lenta, difícil y agotadora para ella y su familia. Tuvo que aprender a comer o mejor <<tragar>> los alimentos, usaba pañal, las terapias de respiración eran permanentes, las fisioterapias eran cotidianas y las charlas con el psicólogo eran agotadoras. Los exámenes de laboratorio eran diarios, sus venas ya no resistían un pinchazo más, pero estaba viva. —Cuenta Francisco.

Santiago estaba feliz, mamá había vuelto, pero no entendía porque en algunos instantes ella se perdía y le decía — ¡aléjate!, eres un marciano ¡auxilio!

Gabriela, también vivía situaciones similares. Cuando Carolina despertó, reconoció a su esposo, a su hermana, pero no recordó a su hija, ella sabía que era cercana, pero no entendía que era su madre.— ¿Usted quién es? ¿es la hija de Paula?
—Soy su hija mamá.
Con una mirada de extrañeza —No, no lo creo, yo no la recuerdo 
Luego de un momento a otro,  le preguntaba por sus estudios y le daba indicaciones de qué debía hacer en la casa y entonces Gabriela sentía que mamá había vuelto.
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El regreso a casa no fue menos difícil que su estancia en el centro hospitalario. Usaba pañal, una pipeta de oxígeno al costado de su cama era su compañera permanente, medicamentos en la mesa de noche, cremas para las quemaduras, cremas hidratantes, una jarra de agua y todo lo que pudiera necesitar en el transcurso del día. Pocho, salía muy temprano a trabajar, los niños al colegio y ella esperaba la llegada de su esposo hacía el medio día para que la alimentará como un niño de meses, cucharada a cucharada.

La parte emocional de Carolina fue empeorando, se sentía inútil, desvalida y en los largos días de espera por su familia, sola. No había dinero para contratar a una enfermera y apenas se podía pasear por su alcoba y asomar a la ventana para recibir el sol. Lloraba de vergüenza cuando Pocho le cambiaba el pañal y eso la minimizaba. Al mirarse al espejo y ver su cuerpo que era un esqueleto forrado,  le daba terror. — ¡Por Dios! parezco anoréxica. Y las lágrimas brotaban de sus ojos y rodaban por sus mejillas, como si hubiera perdido la esperanza de vivir. A la par su cuerpo nuevamente colapso y fue llevada de urgencias. Sus sistemas digestivo y renal no funcionaban y tuvo que ser recluida nuevamente en la clínica por otros días. 

Al salir de la hospitalización fue a vivir  a la casa de su anciano padre para tener compañía y que él la cuidara mientras su familia estaba en sus actividades cotidianas. Encontró en la mesa de noche una hoja doblada que tenía de portada una carita feliz, la abrió y reconoció la letra de su hijo: <<Mami, me has hecho mucha falta, estoy feliz de verte despierta. Yo le pedí a la virgen que lo hiciera, que te abriera los ojitos, porque siempre me has dicho que soy un milagro. No sé si tu sentiste  lo mismo cuando yo apenas tenía cinco meses y estuve en coma o mejor dormido como tú. No fue fácil para mí y creo que para ti tampoco. Te pido mamí, que le ayudes a María para que te cure, porque ella solita no puede.
Te necesito. 
Santi>>

Con esas palabras sentí que tenía que luchar, que no podía sucumbir en la tristeza, ni en la desesperación y comencé a hacer un esfuerzo imbatible y cada segundo luché por dejar el pañal, por controlar mis esfínteres,  por practicar la famosa respiración diafragmática, por mover cada parte de mi cuerpo desde los pies hasta mis cejas, por llenar mis pulmones de ese aire vital, por tragar los alimentos que me iban a dejar atrás ese esqueleto inmundo en el que me había convertido y allí, junto a mí estaba mi viejo, que como siempre durante estos cuarenta y tres años ha estado a mi lado, paciente, amoroso y exigente, que me aprueba cada uno de mis logros.
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Te cuento toda esta historia porque luego de ver a mi madre padecer de un cáncer de huesos, postrada en una cama, yo Carolina, tenía el deber moral de romper una cadena que había agobiado a mi familia por generaciones, la de terminar postrados en una cama hasta el final de sus días.

Para mí, el haber estado en coma fue un sueño, sentí que me acosté anoche y desperté está mañana, me preguntan ¿viste el túnel, viste a mi mamá, alguien te habló? La verdad, solo fue un sueño, dormí plácidamente. No recuerdo haberme enojado con mi madre, como lo asegura mi hermana, si ella estuvo a mi lado, que muy seguro fue así, quizá me recostó sobre sus piernas y me acarició con su ternura infinita, mientras mis pulmones se desinflamaban y la infección cedía.

Sabes, hoy siento que la lección fue aprendida, que siempre Dios nos da una nueva oportunidad, volví a trabajar, con pañal incorporado —Ríe a risotadas.

Con lonchera, porque ahora no solo preparo la de los niños, sino mi almuerzo muy blando, porque aún sigo aprendiendo a comer.

Dentro de todo este tiempo, deje de fumar, manejo mi automóvil, bailo, canto, trabajo como si fuera el último día en el que estoy en la empresa, lo único es que tengo lapsus, por ejemplo digo algo y lo repito de manera inconsciente, como si no lo haya advertido antes, pero lo estoy trabajando, al igual que la respiración, por fortuna, quienes me rodean lo entienden y me ayudan en el proceso. No estoy cerca de productos químicos, ya no son mis amigos —Ríe a carcajadas.

Rescate hace algunos meses a mi gatita pequeña, a Florecita, no me perdona que me haya ido y que la dejara a la deriva, aún me mira con indiferencia. Negruris salió de detrás del refrigerador y con su larga cola frotando mi cuerpo, me saluda cada día, mientras que el viejo Rufino continua rondado nuestra alcoba para verificar cada día que no me he ido.

Subí 20 kilos, tengo una vida normal. Pocho, mi Pocho, a él no tengo como pagarle su amor, su dedicación, su paciencia y  respetar mis deseos, aunque no logro firmar los  documentos. Si existen las almas gemelas, él, mi Pocho, es la mía.

Mis hijos maduraron vertiginosamente, ahora son más seguros, independientes y valoro cada instante con ellos, los disfruto y quisiera detener en tiempo para nunca más alejarme de ellos.

¿Sabes? hoy veo la vida de maravilla, me gozo cada suceso, cada segundo y vivo el hoy, el ahora, porque no sé si mañana pueda despertar.

*Los nombres han sido cambiados por petición de Carolina. Mis respetos a una mujer valiente y a una familia fortalecida por la tragedia y bendecida por el amor.

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