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viernes, 12 de junio de 2015

No sé si mañana pueda despertar

No sé si mañana pueda despertar.

Como todos los días a las once de la mañana,  Francisco espera la orden de los médicos para ingresar a cuidados intensivos, llega puntual a visitar a su esposa, que está en estado de coma.

Estas visitas son cada vez más desesperanzadoras. Las palabras  de los médicos resuenan en su cabeza —Su pronóstico es reservado, quizá tenga muerte cerebral, los órganos vitales están infectados y debe ir pensando en desconectarla.

Francisco sale de la clínica con la mirada fija en el horizonte y a su mente vienen los recuerdos de su esposa Carolina, un mes atrás.
— ¡Por fin tengo trabajo! Seguiré siendo ama de casa, pero con otro trabajo. Su rostro de felicidad era inimaginable, porque  había terminado un largo tiempo de estar en casa cuidando sus hijos y viendo por el hogar. Luego de mucha espera acababa de firmar contrato con una empresa multinacional.
—Ahora sí, las cosas irán mejor, debemos preparar la fiesta de 15 años de Gabriela para dentro de 20 días.

Pero quién me hubiera dicho que no habría fiesta, qué en lugar de los festejos y de verla ascender como profesional, hoy tendría que tomar la decisión más difícil de estos 17 años de matrimonio. —Reflexionó Francisco.

El sábado de descanso, luego de una semana de trabajo, Carolina se dispuso a asear la casa y luego cogió un fungicida en spray para aplicarlo y evitar que algún bicho entrará al lugar y atacará a sus mascotas. Lo esparce en cada habitación y a su paso cierra las ventanas. Respiró el químico que le produjo un carraspeo en la garganta, pero no fue algo que le impidiera seguir con su labor.

Ese día tuvo mucha tos, pero compartió con su familia sin que se percatará que esa actividad podría ser la última de su vida.

El domingo en la noche Carolina sintió desgano, cansancio y pensó que era por sus dos trabajos, el hogar y su nuevo cargo en la empresa. A la madrugada del lunes no podía respirar y Francisco corrió con ella hacia a urgencias de la clínica más cercana, todo fue caos, Carolina se desplomó y los galenos la revivieron en dos ocasiones, frente  a la mirada expectante de su esposo.

En la segunda ocasión, Pocho como de cariño lo llama Carolina, le dijo: —Pocho, no olvides llevar los niños al colegio, prepara bien las loncheras y llama a la oficina para decirles que llego tarde. Cerró sus ojos y hasta hoy no he vuelto a reflejarme en sus hermosos ojos almendrados, color miel —Recuerda Francisco. Por su rostro corrieron lágrimas de incertidumbre e impotencia.

¿Quién hubiera imaginado que un fungicida la llevaría al coma? ¿Quién hubiera imaginado qué existiera una tal neumonía química y todos esos nombre médicos, dizque neumonitis por químicos?
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Los días de esta familia no fueron fáciles, la celebración de los 15 años de Gabriela, se convirtieron para ella en tristeza y se hizo cargo de las labores de ama de casa y de su hermanito de 11 años. En las noches cuando su padre creía que ella estaba durmiendo en su habitación, ella se sentaba en la escalera junto a su hermano y escuchaban a su papá contarle a quienes lo llamaban lo que realmente estaba viviendo su mamá y de esa forma se enteró que en los próximos días, si no había una respuesta favorable, sería desconectada. 

Gabriela, siempre abrazaba a su hermano y le decía  que rezaran juntos porque su mamá les había dicho siempre que los milagros existían y que la virgen, escuchaba más a los hijos cuando pedían por la madre.

El caos no se hizo esperar, Santiago entró en rebeldía, su rendimiento académico fue caótico, Gabriela cada día tenía más trabajo y no logró responder con sus labores del colegio. Francisco no llegaba a tiempo a las reuniones laborales y si lo hacía, su mente estaba con Carolina y sentía que sus hijos se le habían salido de las manos. Hasta los gatos, las mascotas a las que cuidaba Carolina, para que los bichos no los atacaran, se revelaron. Negruris la gata mayor, se escondió detrás del refrigerador y solo salía a comer de vez en vez. Rufino, se refugió bajo la cama de sus amos y gruñía cada vez que se sacaba de su escondite, mientras Florecita la más pequeña se voló de la casa sin retorno.
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Pocho se levantó temprano, envío a los chiquillos al colegio, suspiro, pidió la bendición del Cielo y salió rumbo  a la clínica, hoy era el día para firmar los documentos y despedirse para siempre de Carolina. Su corazón estaba henchido de amargos sollozos, pero tenía que hacerlo. Carolina siempre le decía —Nunca ¡óyeme bien!, nunca me dejes en una cama como un vegetal, no lo permitas, la vida para ustedes sigue y no pueden parar por mí. No quiero repetir la historia de mi madre.
—Si mis órganos le sirven a alguien, los donas.

Decidido a firmar, llego al centro hospitalario, allí el médico y un psicólogo clínico lo estaban esperando. —Señor Guzmán las noticias que le tenemos... son alentadoras, pero reservadas.
— ¿Qué pasó? ¿Carolina...?
—No, no se preocupe, ella volvió del coma, abrió sus ojos hace unas horas, pero...
—La verdad, señor, no le garantizamos que con su despertar quede como antes.
El psicólogo agregó   —En estos casos, luego de salir de un coma, podemos esperar dos situaciones, la primera que sus reacciones sean agresivas y la otra que su actitud sea hipersensible. Por esta razón, la debemos sedar para ir observando su reacción.
El médico Rodríguez, continúa  —Quizá tenga pérdida de memoria, sus necesidades primarias como el control de esfínteres no van a ser los adecuados y podría usar pañal de por vida, no sabemos si sus pulmones funcionen de manera correcta cuando le retiremos el oxígeno. Como usted bien lo sabe, su peso actual no supera los 30 kilos, eso quiere decir que está desnutrida.

Francisco cerró sus ojos, se dejó caer en la silla y su corazón convulsionado, no sabía si sentir alegría o llorar por lo que se avecinaba.
—Sea lo que sea, ella es mi esposa, la mamá de mis hijos y sé que si despertó se quedará mucho tiempo entre nosotros.
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Paula la hermana de Caro, como le decía desde niña, estaba junto a ella al despertar, había viajado desde el extranjero para apoyar a su cuñado y firmar la autorización para desconectarla.  
— ¡Qué tal, esa señora no me quiso llevar! siempre fue así, la quería más a usted que a mí. Eso le dijo Caro, en medio de la furia a su hermana, cuando despertó.
— ¿Quién?
—Pues, mi mamá, se fue y me dejó otra vez.
En ese momento entendió que su hermana había regresado, sintió alivio, pero la incertidumbre se apoderó de su ser.
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Los días pasaron, la recuperación de Caro en el hospital fue lenta, difícil y agotadora para ella y su familia. Tuvo que aprender a comer o mejor <<tragar>> los alimentos, usaba pañal, las terapias de respiración eran permanentes, las fisioterapias eran cotidianas y las charlas con el psicólogo eran agotadoras. Los exámenes de laboratorio eran diarios, sus venas ya no resistían un pinchazo más, pero estaba viva. —Cuenta Francisco.

Santiago estaba feliz, mamá había vuelto, pero no entendía porque en algunos instantes ella se perdía y le decía — ¡aléjate!, eres un marciano ¡auxilio!

Gabriela, también vivía situaciones similares. Cuando Carolina despertó, reconoció a su esposo, a su hermana, pero no recordó a su hija, ella sabía que era cercana, pero no entendía que era su madre.— ¿Usted quién es? ¿es la hija de Paula?
—Soy su hija mamá.
Con una mirada de extrañeza —No, no lo creo, yo no la recuerdo 
Luego de un momento a otro,  le preguntaba por sus estudios y le daba indicaciones de qué debía hacer en la casa y entonces Gabriela sentía que mamá había vuelto.
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El regreso a casa no fue menos difícil que su estancia en el centro hospitalario. Usaba pañal, una pipeta de oxígeno al costado de su cama era su compañera permanente, medicamentos en la mesa de noche, cremas para las quemaduras, cremas hidratantes, una jarra de agua y todo lo que pudiera necesitar en el transcurso del día. Pocho, salía muy temprano a trabajar, los niños al colegio y ella esperaba la llegada de su esposo hacía el medio día para que la alimentará como un niño de meses, cucharada a cucharada.

La parte emocional de Carolina fue empeorando, se sentía inútil, desvalida y en los largos días de espera por su familia, sola. No había dinero para contratar a una enfermera y apenas se podía pasear por su alcoba y asomar a la ventana para recibir el sol. Lloraba de vergüenza cuando Pocho le cambiaba el pañal y eso la minimizaba. Al mirarse al espejo y ver su cuerpo que era un esqueleto forrado,  le daba terror. — ¡Por Dios! parezco anoréxica. Y las lágrimas brotaban de sus ojos y rodaban por sus mejillas, como si hubiera perdido la esperanza de vivir. A la par su cuerpo nuevamente colapso y fue llevada de urgencias. Sus sistemas digestivo y renal no funcionaban y tuvo que ser recluida nuevamente en la clínica por otros días. 

Al salir de la hospitalización fue a vivir  a la casa de su anciano padre para tener compañía y que él la cuidara mientras su familia estaba en sus actividades cotidianas. Encontró en la mesa de noche una hoja doblada que tenía de portada una carita feliz, la abrió y reconoció la letra de su hijo: <<Mami, me has hecho mucha falta, estoy feliz de verte despierta. Yo le pedí a la virgen que lo hiciera, que te abriera los ojitos, porque siempre me has dicho que soy un milagro. No sé si tu sentiste  lo mismo cuando yo apenas tenía cinco meses y estuve en coma o mejor dormido como tú. No fue fácil para mí y creo que para ti tampoco. Te pido mamí, que le ayudes a María para que te cure, porque ella solita no puede.
Te necesito. 
Santi>>

Con esas palabras sentí que tenía que luchar, que no podía sucumbir en la tristeza, ni en la desesperación y comencé a hacer un esfuerzo imbatible y cada segundo luché por dejar el pañal, por controlar mis esfínteres,  por practicar la famosa respiración diafragmática, por mover cada parte de mi cuerpo desde los pies hasta mis cejas, por llenar mis pulmones de ese aire vital, por tragar los alimentos que me iban a dejar atrás ese esqueleto inmundo en el que me había convertido y allí, junto a mí estaba mi viejo, que como siempre durante estos cuarenta y tres años ha estado a mi lado, paciente, amoroso y exigente, que me aprueba cada uno de mis logros.
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Te cuento toda esta historia porque luego de ver a mi madre padecer de un cáncer de huesos, postrada en una cama, yo Carolina, tenía el deber moral de romper una cadena que había agobiado a mi familia por generaciones, la de terminar postrados en una cama hasta el final de sus días.

Para mí, el haber estado en coma fue un sueño, sentí que me acosté anoche y desperté está mañana, me preguntan ¿viste el túnel, viste a mi mamá, alguien te habló? La verdad, solo fue un sueño, dormí plácidamente. No recuerdo haberme enojado con mi madre, como lo asegura mi hermana, si ella estuvo a mi lado, que muy seguro fue así, quizá me recostó sobre sus piernas y me acarició con su ternura infinita, mientras mis pulmones se desinflamaban y la infección cedía.

Sabes, hoy siento que la lección fue aprendida, que siempre Dios nos da una nueva oportunidad, volví a trabajar, con pañal incorporado —Ríe a risotadas.

Con lonchera, porque ahora no solo preparo la de los niños, sino mi almuerzo muy blando, porque aún sigo aprendiendo a comer.

Dentro de todo este tiempo, deje de fumar, manejo mi automóvil, bailo, canto, trabajo como si fuera el último día en el que estoy en la empresa, lo único es que tengo lapsus, por ejemplo digo algo y lo repito de manera inconsciente, como si no lo haya advertido antes, pero lo estoy trabajando, al igual que la respiración, por fortuna, quienes me rodean lo entienden y me ayudan en el proceso. No estoy cerca de productos químicos, ya no son mis amigos —Ríe a carcajadas.

Rescate hace algunos meses a mi gatita pequeña, a Florecita, no me perdona que me haya ido y que la dejara a la deriva, aún me mira con indiferencia. Negruris salió de detrás del refrigerador y con su larga cola frotando mi cuerpo, me saluda cada día, mientras que el viejo Rufino continua rondado nuestra alcoba para verificar cada día que no me he ido.

Subí 20 kilos, tengo una vida normal. Pocho, mi Pocho, a él no tengo como pagarle su amor, su dedicación, su paciencia y  respetar mis deseos, aunque no logro firmar los  documentos. Si existen las almas gemelas, él, mi Pocho, es la mía.

Mis hijos maduraron vertiginosamente, ahora son más seguros, independientes y valoro cada instante con ellos, los disfruto y quisiera detener en tiempo para nunca más alejarme de ellos.

¿Sabes? hoy veo la vida de maravilla, me gozo cada suceso, cada segundo y vivo el hoy, el ahora, porque no sé si mañana pueda despertar.

*Los nombres han sido cambiados por petición de Carolina. Mis respetos a una mujer valiente y a una familia fortalecida por la tragedia y bendecida por el amor.

12 comentarios:

  1. "Hilando historias". Hay casos reales en los cuales uno tiene que quitarse el
    sombrero, por la capacidad del ser humano a luchar por la supervivencia, y
    dar sus sentimientos profundos a sus seres queridos, y al mundo. La lucha de
    esta mujer, y madre, es impresionante, su coraje es ejemplar, Pero despues de analizar lo leido también su familia, marido e hijos su padre, etc...etc...Son ejemplares. Siento lo que pasó, Pero al final me alegro del desenlace y deseo de todo corazón que sea una familia feliz, y que se recupere totalmente
    Gracias, "Por leerlo Carolina".

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    1. Gracias por sus comentario. Sí, es una historia, afortunadamente, con final feliz y refleja la esperanza de que aunque hayan momentos difíciles en las familias, siempre es posible un milagro.

      Con gusto le retransmitiré a "Carolina" sus palabras.

      Gracias y esperamos siga en contacto con nuestras historias, yo siempre estoy en contacto con su buen trabajo.

      Cordial saludo.

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  2. Exelente historia. Y una gran enseñanza.
    Muy bien escrita. Lo cautiva a uno como lector desde el primer instante.

    Bendiciones

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    1. Es muy grato que se haya tomado un tiempo para leer esta historia real, infinitamente agradecida. Espero sigas en contacto con nuestras historias.

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  3. Me ha gustado mucho la historia. Muy real y motivante, hay que vivir el hoy!

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    1. Gracias por tus comentarios.

      Sí, es verdad la vida nos coloca en el camino episodios que dan fortaleza.Carolina y su familia son la muestra de que no se puede vivir en el pasado, ni planear tan profundamente el futuro, solo hay que vivir el hoy con gran intensidad.

      Recibe un caluroso saludo.

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  4. He sentido gran ternura leyendo esta historia. A veces, pienso que, estas situaciones son permitidas para que podamos demostrar de lo que somos capaces por amor. Un besito.

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    1. Encarna gracias por tu comentario.

      Es verdad lo que escribes, en esos momentos, solo en esos momentos es cuando sabemos del amor verdadero y de lo que nos impulsa a hacer.

      Recibe un caluroso saludo.

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  5. Sigo este blog y pRticularmente, esta historia me llamo mucho la atención.
    Exitos, su blog es muy interesante.

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    1. Muchas gracias por seguirnos y leernos.
      Es un honor saber que siempre hay alguien que se interesa por nuestras historias.
      Tus comentarios nos animan todavía más, para seguir Hilando las Historias.
      Recibe un cordial saludo.

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  6. Un ejemplo de historia, de experiencia y superación. Extremadamente tierna y bien narrada. Un saludo afectuoso.

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    1. +Mila Gomez gracias por tus comentarios. Gracias por dedicarnos tu tiempo para leer nuestras historias.
      Cordial saludo especial.

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Gracias por tu comentario