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Tranvía de manivelas |
*Ricardo es un hombre que ésta por cumplir ochenta y cinco años, y como dice la canción del argentino Piero <<Es que creció con el siglo, con tranvía y vino tinto>>, él tiene la edad suficiente para contar cómo ha vivido la transformación de Bogotá y cómo ha visto la evolución del transporte en nuestra gran ciudad.
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Ricardo se acomoda en el gran sillón de su sala y en su rostro se refleja la nostalgia y la alegría de todos aquellos recuerdos que pasan por su mente y que se niega a dejar escapar.
Yo llegué muy niño a Bogotá, como en 1940 y el transporte de esa época era de carros particulares de las grandes familias de la ciudad y para quienes no teníamos los medios para ostentar con un vehículo usábamos el tranvía y se pagaba con centavos. Había dos clases de tranvías el cerrado que era el de lujo, ese viajaba de San Cristóbal a la avenida Chile y el tranvía abierto que eran de dos clases, los grandes que viajaban de la calle 13 con carrera séptima a San Fernando y los tranvías abiertos pequeños que eran los populares que viajaban de Pensilvania, donde era el matadero por la calle 13 hacia la universidad Nacional y al barrio Santander.

Los tranvías eran muy
bonitos tenían asientos de madera maciza, eran abiertos por los dos lados y uno se
podía subir por cualquiera. El tranvía se llenaba en las horas de mayor congestión u horas 'pico' y la gente
se colgaba por lado y lado, como racimos humanos, pero no era tan incomodo como
subirse hoy en día al Transmilenio o a un bus.
En las horas que no
eran pico, los muchachos como siempre han sido pillos, se subían o como decían
“se colunchaban” en los costados o atrás para no pagar el pasaje y cuando venía
el cobrador saltaban o los bajaban a palo. A raíz de esa situación, apareció
un hombrecito, más bien pequeño que cuidaba el tranvía para que los jóvenes no
se subieran y montaran gratis. Él se vestía con uniforme azul, un quepis rojo y
un bolillo que le servía para bajar a los jovenzuelos del tranvía, entonces lo comenzaron a llamar El bobo del tranvía, del que se cuentan tantas historias y yo luego
se las digo a usted.
En 1948 con el 9 de
abril, luego de que Bogotá se volvió un infierno a causa de la muerte del
caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, la mayor parte de los tranvías fueron
incendiados y ahí comenzó la decadencia de este transporte que era rápido para
su época, porque no éramos muchos los que vivíamos en Bogotá y no habían
trancones. Era muy eficiente y además el paseo era muy rico sobre todo en las
horas que no eran de mucha congestión o los fines de semana, porque uno podía ver la ciudad pequeña, con
casas de la colonia y en muchas partes deshabitada. Era un medio de transporte
muy sano porque no era contaminante.
Esa época fue maravillosa... —Ricardo hace una pausa como si sus pequeños recuerdos quisieran alcanzar esa época y detenerla en su mente y con sus palabras, respira profundamente y continúa sin perder el hilo de la historia— ...porque la gente
vestía muy elegante, los hombres con su vestido de paño, sombrero, paraguas y corbata, las señoras con
abrigos, con vestidos sastre, guantes y carteras de mano. Todo eso hacía que viajar en tranvía fuera
mágico y acogedor. Uno viajaba tranquilo para ir a trabajar o simplemente para pasear.
Entre los años 50 y
51, el tranvía ya desapareció definitivamente y llegaron unos buses que trajeron
de Rusia que se llamaban troli, él tenía como el tranvía cables
que se cogían de las cuerdas de la luz y las llamábamos ‘tirantas’. No dio
resultado porque los carros se les atravesaban y cuando el troli se abría para esquivarlos, entonces se les caían las ‘tirantas’ y ahí estaba la
demora o cuando se iba la luz uno tenía que esperar mucho tiempo para que
volviera arrancar.
Como le venía diciendo, no dio resultado porque las vías no estaban acondicionadas para ellos, en el pavimento se abrían huecos porque eran muy pesados y como se le caían tanto los cables que los conectaban a la energía, lo hacía lento. Además, ese si fue un foco de corrupción en el distrito de Bogotá, trajeron muchos, los almacenaron por la avenida 68 en un parqueadero, allí se pudrieron y ahí los de la alcaldía hicieron su agosto porque se acabó la empresa y se la repartieron como 'aves de rapiña', eso fue para la década del 70, ¡Ah! y cuando habían paros esos buses eran los primeros que quemaban y apedreaban porque como eran del gobierno y a nadie le dolía, bueno eso era lo que se creía en esa época, pero la verdad siempre hemos pagado todos
— suelta una gran risa entre absurda y desvergonzada—
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Troli de Bogotá |
Llego otro transporte que prometía comodidad para los usuarios llamadas busetas,
eran unos buses pequeños, no permitían llevar pasajeros de pie. Aparecieron a
finales de la década del setenta y principios del ochenta, las mostraron como
un transporte cómodo, se andaba más rápido y se pagaba más por el transporte.
Al principio fue muy bueno, pero luego entraron a la guerra del centavo con
los buses y hasta ahí llego el buen servicio.
La ciudad no pudo conservar el tranvía o los alcaldes no quisieron, aún cuando hasta hoy existen los rieles en el centro, ahí en la Jiménez por ejemplo, y sí permitieron que el transporte público se volviera un monopolio y que los conductores por ganar más entrarán a la guerra del centavo, esa competencia por recoger el mayor número de pasajeros fue mortal para la ciudad y como las rutas eran escasas la gente se subía a un bus y no le interesaba ir colgada en las puertas, entonces los conductores desmedidos hacían competencia en las vías de la ciudad para llenar sus vehículos y fueron muchos los accidentes y muertos que dejo esta práctica, porque no había una reglamentación que los rigiera. Muchas víctimas dejó esta guerra que se vivió en las calles bogotanas.
La congestión de Bogotá comenzó en los años setenta, porque habían pocos semáforos, que entre otras cosas llegaron como en 1940 y los policías de tránsito eran los que ayudaban a la movilidad, pero era insuficiente, si ahora con tanto semáforos hay trancones, imagínese como era antes. Hasta la década del sesenta era muy rico viajar en transporte público.
Hace otra pausa y sus ojos envejecidos por el tiempo se llenan de lágrimas como entendiendo que su ciudad, esa que lo acogió desde niño se había ido, toma un sorbo de agua y continua...Ya la gente no es amable, no se viste con elegancia, ya no hay caballerosidad, ya no le seden la silla a las mujeres, ni a los ancianos y los viajes en transporte público no se pueden disfrutar.
La ciudad no pudo conservar el tranvía o los alcaldes no quisieron, aún cuando hasta hoy existen los rieles en el centro, ahí en la Jiménez por ejemplo, y sí permitieron que el transporte público se volviera un monopolio y que los conductores por ganar más entrarán a la guerra del centavo, esa competencia por recoger el mayor número de pasajeros fue mortal para la ciudad y como las rutas eran escasas la gente se subía a un bus y no le interesaba ir colgada en las puertas, entonces los conductores desmedidos hacían competencia en las vías de la ciudad para llenar sus vehículos y fueron muchos los accidentes y muertos que dejo esta práctica, porque no había una reglamentación que los rigiera. Muchas víctimas dejó esta guerra que se vivió en las calles bogotanas.
La congestión de Bogotá comenzó en los años setenta, porque habían pocos semáforos, que entre otras cosas llegaron como en 1940 y los policías de tránsito eran los que ayudaban a la movilidad, pero era insuficiente, si ahora con tanto semáforos hay trancones, imagínese como era antes. Hasta la década del sesenta era muy rico viajar en transporte público.
Hace otra pausa y sus ojos envejecidos por el tiempo se llenan de lágrimas como entendiendo que su ciudad, esa que lo acogió desde niño se había ido, toma un sorbo de agua y continua...Ya la gente no es amable, no se viste con elegancia, ya no hay caballerosidad, ya no le seden la silla a las mujeres, ni a los ancianos y los viajes en transporte público no se pueden disfrutar.
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Las 'zorras' de Bogotá. Foto tomada de Prensapoli |
La Bogotá de ahora es bonita, pero no es de nadie, nadie la respeta ni la quiere, quizá por eso añoró el tranvía, ese que me llevaba no tan rápido, pero que me permitía gozar lo bello de mi Bogotá antigua y la decencia de los 'cachacos'.
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*Ricardo es mi padre. Este es un pequeño homenaje a sus historias, a su vida y al amor que siempre nos ha impregnado por nuestra hermosa Bogotá, la de ahora y la antigua.
*Troli, Trolebus, trole estos términos se acuñarón en Colombia por la palabra Trolley.
lindo ese relato de tranvia al transmilenio,
ResponderBorrarme super encanto
saludos y gracias
Hilario gracias por dedicarle un tiempo a este relato.
BorrarRecibe un cordial saludo.
Muy buen artículo. Quiero preguntarle sobre la imagen que habla sobre San Francisco ¿Se refiere al centro de Bogotá? Gracias!
ResponderBorrarJuan Pablo gracias por leernos.
BorrarSí, es en el centro de Bogotá.
Gracias de nuevo y feliz día.
¡Hasta pronto!
Sùper
ResponderBorrarGracias, saludos.-
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