Todos hablan sobre la belleza natural de Colombia pero hoy quiero contarles acerca de otra, sí, otra gran belleza, la belleza de su gente. Este país está bordeado por dos océanos y enmarca la idiosincrasia de muchas etnias que han hecho de este país suramericano una raza fuerte, altiva y llena de fortalezas queda como resultado al colombiano.
Las mujeres y hombres colombianos son capaces de transformar con su sonrisa, tesón, empuje, gentileza, cordialidad y alegría el mundo que les rodea y a quienes los conocen.
Quien llega a Colombia y echa de ver a su gente, se va seguro de querer regresar o dejar que sus raíces broten en este hermoso y gran Macondo de cien años de soledad.
Colombia es el país del sí se puede, "hágale"
A la gente colombiana no le queda grande "nada" y cuando las fuerzas hacen falta, siempre hay un hágale que mágicamente hace que se puedan conseguir los sueños y alcanzar las metas imposibles. Cuando usted visite este país caribeño, andino, llanero, pastuso, vallecaucano, chocuano, amazónico y escuche: —hágale pues... —hágale mijo... o — hágale mija... ¡hágale!, porque ese es el impulso que usted necesita para lograr lo que quiera y nada le quedará grande. Así son los colombianos.
Colombia es sabor de música.
El colombiano siempre tiene algo porque celebrar, siempre hay música, rumba, fiestas regionales y reinados. No importa si es de día o de noche, o cuántas personas estén presentes, aquí se aprende a mover las caderas o a moverlas, no en vano es considerado uno de los países más felices del mundo. o sino vea los movimientos ritmicos de Shakira y la alegría rumbera de Carlos Vives.
Colombia es el país de la pena
El colombiano tiene la capacidad de pedir excusas siempre, así que si alguno le dice ¡¡¡Qué pena contigo!!! No piense que es una manera de verle frágil, es la forma respetuosa de decir ¡lo siento, quizá te ofendí!
Colombia siempre saluda interminablemente
El colombiano es muy amable, saluda indefinidamente y puede conjugar cualquiera de las siguientes frases o utilizarlas todas en una sola ráfaga: Hola, ¿Cómo está? ¿Cómo amaneció? ¿Cómo durmió? ¿Cómo ha estado? ¿Cómo le ha ido? ¿Qué ha hecho? ¿Qué hubo? y ¿Qué más? Tranquilo, no tienes que responder a este saludo interminable, solo tienes que decir: Muy bien.
Pero también, hay colombianos que solo levantan el dedo pulgar de su mano para saludar y decir con esta seña "todo bien, todo bien" y de esa manera usted le puede contestar.
Colombia es el país de la cortesía y el respeto.
El colombiano tiene marcado en sus relaciones interpersonales el respeto y por ello siempre te dice: Por favor; muchas gracias; a la orden; con gusto; fue un placer; sí, señor o sí, señora (aunque no seas un viejo o una mujer casada); siga por favor; ¿Qué se toma?; adelante, está en su casa; bueno seño; con gusto. El colombiano es cortesía
Colombia es de puertas abiertas
El colombiano siempre está atento a dar explicaciones y a mostrar lo mejor de su región. No se sorprenda que se siente a hablar con el forastero, indique la dirección y además explique porque una calle se llama 'así o asa' contándole la historia del lugar.
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En la provincia el campesino sin conocer al foráneo se retira su sombrero y le dice: —Sumercé, buenos días o buenas tardes y si le preguntan la ubicación de algún lugar, más o menos así le dará la ubicación de la siguiente forma: sube hacia allá, voltea a la derecha y luego de tres cuadras vuelva y voltee pero a la izquierda... Luego de la explicación, preguntará ¿entendió? y así haya o no entendido, le dice: sino le molesta, camine yo lo acompaño, pa' que no se pierda.
Colombia le tiene nombre a todo
Aunque son diversas las regiones del país, cada colombiano con su propio acento logra hacerse entender y antetodo hacer sentir como en casa a los visitantes con términos y pronunciaciones únicas, como: ¡Qué verraquera! (se refiere a la fortaleza, tenacidad y empuje de alguien por lograr algo); sumercé (término español a su merced, lo utiliza el colombiano como símbolo de respeto); bacano (hermoso, genial, único); chévere (elegante, bonito y es aceptado); ¡Qué nota! (cuando algo es de admirar); viringo (cuando alguien está desnudo); embolatado (cuando alguien está en una situación complicada); avispao (o avispado, cuando se refiere a un individuo ingenioso, inteligente); parce (amigo leal); billullo (cuando se tiene dinero); veleño (se refiere a un dulce que viene envuelto en hojas de plátano llamado bocadillo).
Colombia es cariño
El colombiano siempre demuestra su cariño y apreció con diminutivos, no se altere si se refiere a usted o si le habla así, no es una forma despectiva, es la manera de decir: ¡te tengo aprecio! Carmencita, Jaimito, Ricardito, Juanito o se refiere a los objetos: la mesita, el carrito, la camita o frases como: te doy esto con mucho cariñito; mi terroncito de azúcar; te amo corazoncito; mi chinito y todos los diminutivos de ternura que se les ocurra para demostrar su aprecio.
En Colombia todo se le tiene
El colombiano siempre vive dispuesto a ayudar, a colaborar y su rostro tiene una sonrisa eterna. ¡Aquí todo se le tiene! y si no lo tiene, lo consigue, y si no lo consigue se lo inventa. Pero siempre es de sonrisa presurosa y de alma abierta pa'las que sea.
En Colombia la vaina funciona
Cuando un colombiano se refiere a la vaina es cosa seria, nadie sabe que es la vaina, pero la vaina siempre aparece en las conversaciones y no se aterre cuando escuche términos o frases como: ¡Qué vaina! (cuando se refiere a algo que lo sorprende); la vaina está ahí (no es una forma explícita de decir qué es, pero lo que se necesita ahí está); así es la vaina (cuando se ha contado algo y se sabe que es por análisis, sin entrar en detalles). Nunca le pregunte a un colombiano qué es la vaina, porque no tendrá una respuesta adecuada, solo que la vaina está ahí y nadie la define.
Colombia siempre escucha música, oye noticias y lee el periódico
Si un visitante llega a cualquier ciudad muy seguramente escuchara en los almacenes, en los taxis, en los buses de servicio público y en las calles música tropical, vallenato y romántica.
En las tiendas de la esquina encontrará al dueño escuchando noticias, al vigilante o a la gente del común.
En los parques a los hombres leyendo el periódico o revistas para de tener de que hablar con sus vecinos.
El colombiano siempre y en lo posible anda bien informado, pero sin perder la alegría que lo caracteriza.
Colombia es anfitriona
El colombiano que se siente feliz con una visita, siempre le ofrece de tomar o comer un algo como: un tintico, un agria, un aguardientico, una aguadepanela, un chocolatico, unas oncecitas y hasta whisky. Por lo general, nunca deja que sus invitados se vayan sin comer y si de eso se trata lo invitan a la mesa y sus platos son onerosos, por lo general, con muchos carbohidratos. Si va a este país, pierda la dieta y no le de miedo llegar gordito a su casa, porque de esa manera ellos demuestran su afecto, por el estómago. Si usted se niega, muy seguramente se sentirá desairado y le preguntará ¿Entonces que le ofrezco? ¿Qué le provoca? y se dirán entre ellos ¿Qué le molesto?
La variedad de cultivos y de climas hace que las mesas y los "tres golpes" como llaman al desayuno, almuerzo y comida o cena, sean ricos en multitud de platos, y como les enseñaron sus antepasados: Hay que comerlos para tener fuerzas para trabajar y estudiar.
Colombia es un país dulce
El colombiano es trabajador y a la hora de recobrar energía lo único que quiere es un dulcecito, así que se dispone a comer mielmesabe, bocadillo, obleas, turrones, arroz con leche, cascos de guayaba, natilla, cuajada con melao, brevas y peras en dulce, enyucados, cocadas, quebellitos, dulce de ñame, arequipe, dulce de papayuela y muchos más . Todo con un alto contenido en azúcar y panela.
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Si usted llega a Colombia, no olvide que sus anfitriones le ofrecerán el más elaborado platillo dulce, que es una gran tentación y un deleite para su paladar.
En Colombia todos son vecinos
Cuando un colombiano va a la tienda a comprar algo e ingresa al local siempre dice ¡Buenas!, cuando sale el vendedor a atenderlo, le dice: — vecino, me vende... y si algo le falta agrega: —vecino y deme más de esto o aquello, al despedirse:
—Gracias vecino, hasta luego.
Pero esto no solo se queda en la tienda de la esquina, el colombiano del común aunque no sepa el nombre de quién vive al lado de la casa, a quién le compra el periódico, los libros, la carne o la lotería, siempre saludará — ¡Qué hubo vecino!
Para el colombiano todos son vecinos o sea allegados.
En Colombia se pide regalado, no se compra, pero se paga
Es muy normal que un colombiano entre a un establecimiento y pida algo diciendo: —Por favor me regala este producto... Los tenderos entienden que es un decir, más saben que lo que quiere su vecino es comprarle un producto. Así que no lo tome a mal cuando un colombiano le dice —me regala tal cosa... tranquilo el colombiano siempre paga.
Colombia un mundo de sabores y de nombres
Las tradiciones del colombiano son muy arraigadas como los nombres de muchos alimentos, bebidas y tienen un sinnúmero de palabras en sus comidas como: lechona, aguardiente (licor destilado fuerte de muchas regiones colombianas); chicharrón, longaniza, rellena, butifarra (embutidos tradicionales del caribe colombiano), chicha (bebida indígena del altiplano cundiboyacense), limoná, sabajón, ajiaco, chirrinchi (o chirrinche, una especie fuerte de aguardiente que es prohibida su elaboración), hormigas culonas (insectos de gran cola que son tostados en Santander y sazonadas con sal para comer), mute , jute (dulce de papa), gelatina de pata, cuy asado, mazamorra chiquita, sobrebarriga, bandeja paisa, tamal, sancocho, yuca, pandebono, entre otros.
El colombiano busca primero sus comidas y bebidas tradicionales antes que las foráneas, las disfrutan en familia y siempre las ofrecen a sus visitantes.
Colombia consume la ch
Colombiano que se dé gusto en su paladar, siempre pedirá comidas que lleven la letra ch, jocosamente se refieren a estas como "la vitamina Ch" porque son las más nocivas para el organismo por su alto contenido de grasa, pero son las más deliciosas según lo afirman. Estas son: chicharrón, chunchullo o chinchulinas, chorizo, chuleta de cerdo, y de sobremesa chicha o unas chelas (en algunas regiones llaman así a la cerveza). Si visita a Colombia lo invitaran seguramente a un asado y en el estará la ch y usted quizá expresará —eso me hará daño, pero el colombiano le dirá: ¡Déjese invitar, porque eso, no es de todos los días!
Ser colombiano, un buen colombiano, como lo son el 99.99% de los colombianos, es un honor, un placer, un festín, es símbolo de gente pujante, trabajadora, cariñosa, amable, servicial y honesta. Es sentir y vivir en el realismo mágico de Gabriel García Márquez todos los días y es olvidarse de la dieta porque la comida es abundante y deliciosa. Es estar en un país de despertares diferentes, es vivir amaneceres con el canto de las aves, el sonido de los ríos, el sonar de las campanas, el olor a café recién tostado, el desayuno con el chocolate de la abuela, el sabor del trópico, el ruido de las calles y el amor por su tierra.
Colombia es el país que le recuerda decir: por favor, gracias, con gusto. Es el país que le enseña a volver a valorar las cosas simples de cada día.
Si va a Colombia no olvide que es un país de puertas abiertas, de oportunidades, de parceros y pa'las que sea. Solo hay un problema de su visita a este país: No quererse ir de este bello paraíso.